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La blancorexia o la obsesión por los dientes blancos

La obsesión actual por obtener dientes blancos y brillantes conlleva el peligro de que el paciente pierda la dentadura.

El proceso para lograr unos dientes muy blancos requiere abusar del tiempo de aplicación de los peróxidos que se utilizan para decolorar las piezas dentales, lo cual constituye una violación de la biología dental y de la ética profesional.

Esta abominable práctica, conocida como "Blancorexia Dental", es el resultado de publicidad engañosa que deslumbra a los pacientes y lleva a muchos a pedir a sus dentistas este tipo de tratamiento o incluso a aplicarse ellos mismos peróxidos que compran en tiendas o por internet.

Además, se están utilizando sustancias químicas y técnicas que son peligrosas, como lámparas de luz LED y láseres que se supone que "aceleran" el proceso de aclaramiento. Usar estos equipos o lámparas no tiene ninguna justificación científica: no son más que un ingenioso plan de marketing para atraer pacientes.

El resultado de este tipo de procedimientos son daños en la matriz del esmalte, en el interior del diente y penetración pulpar de los peróxidos, lo cual afecta el paquete vásculo-nervioso. Estudios de doce años de seguimiento han descrito lesiones irreversibles, como reabsorciones de las raíces dentales, destrucción de la capa prismática de los dientes o pulpitis crónicas que pueden provocar fuertes dolores y conllevan a tratamientos de endodoncia o incluso a la pérdida del diente.

El color de los dientes sanos

El color de los dientes está condicionado genéticamente, por lo que los que no sean especialmente blancos no tienen por qué considerarse enfermos. Algunos dientes sufren una modificación de color de origen local y localización superficial; en otros, puede deberse a trastornos locales que en ocasiones apuntan a una enfermedad sistémica.

Las pigmentaciones de los dientes se clasifican en extrínsecas e intrínsecas. Las extrínsecas se encuentran en la superficie exterior de los dientes, son de origen local y pueden deberse a depósito o penetración de sustancias en la superficie. Las intrínsecas se deben a la incorporación de sustancias en el esmalte o dentina que representan anomalías: son manifestaciones de afecciones que el paciente sufrió en el periodo de formación de los dientes.

El cambio en el color puede afectar a todo el diente o aparecer sólo como manchas o líneas en el esmalte dental. Además de los genes, el color está influenciado por enfermedades congénitas, factores ambientales e infecciones.

Las enfermedades hereditarias pueden influenciar el espesor del esmalte o su contenido de calcio, lo cual puede causar cambios en el color. Asimismo, las enfermedades metabólicas pueden producir cambios tanto en el color como en la forma de los dientes. Y los medicamentos tomados por la madre durante el embarazo o por el niño en desarrollo, pueden provocar cambios tanto en el color como en la dureza del esmalte. Un ejemplo de estas afecciones se relaciona con el consumo de tetraciclinas, flúor o hierro en altas concentraciones.

No todas las manchas o pigmentaciones se eliminan mediante un blanqueamiento. Algunas son más profundas que otras y, por lo tanto, más difíciles de tratar. Otras se presentan cuando agentes externos afectan el esmalte, como el consumo de cigarrillos o tabaco, el té, el café, algunos alimentos y enjuagues antisépticos bucales. En estos casos, el blanqueamiento es una buena alternativa de tratamiento.

Conclusión

Debemos compartir con los pacientes los conceptos de una estética racional: explicarles que los dientes no son blancos, pero que sus tonalidades pueden ser manejadas para que se vean más claros y bellos, que es imposible alcanzar los estereotipos de belleza que promueve la publicidad y advertirles sobre los pro y contras de los productos de aclaramiento dental.